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La práctica

Sa tu dirgha kala nairantarya sat kara asevito dirdha bhumih

Deberás cultivar tu práctica por un tiempo prolongado, deber ser estable, sin brechas, y tendrá que llevarse a cabo correctamente. Así establecerás una base firme. YSP I.14

En este verso el Maestro Patánjali nos explica en el Yoga Sutra qué hacer cuando queremos dedicarnos de lleno a cualquier tipo de práctica, para profundizarla o eventualmente dominarla. Evidentemente Él lo hace en el contexto de yoga (y así lo veremos aquí) pero en realidad aplica a cualquier tipo de práctica.

Él destaca tres elementos principales.

  1. Dirgha kala. En sánscrito quiere decir por un “tiempo (kala) prolongado (dirgha)”. Mucha gente se desanima por ejemplo porque va a una clase de yoga, ve a algunas personas haciendo contorsiones y posturas extrañas, y al enfrentarse a su rigidez física, a salir de su zona de confort, a sus miedos o sus resistencias, deciden que en realidad no es para ellos y se van a probar otra cosa. Es muy poco probable, a menos que tengamos una conexión muy fuerte y mucho trabajo en vidas previas, que te ilumines en la primera clase: ¡a duras penas tratamos de seguir el ritmo de la clase acomodando el cuerpo, la respiración y una serie de términos en español y en sánscrito que nunca habíamos escuchado! Pero seguramente hubo algo que te hizo sentir bien, porque regresaste. Poco a poco viste como fue cambiando tu entendimiento, tu cuerpo y ahora puedes ver hacia atrás y darte cuenta de los beneficios que has recibido por llevar semanas, meses o años practicando. Con el tiempo las cosas se van acomodando y nos vamos dando cuenta de que esta es una práctica maravillosa que impacta todas las capas de tu ser: física, energética, emocional y mental. Y con el tiempo también nos damos cuenta de que el verdadero yoga se practica fuera del tapete, y que en la hora y media que pasamos ahí es como asistir a un laboratorio para poder llevarnos esa toma de conciencia a nuestra vida diaria.
  2. Nairantarya. Literalmente quiere decir “sin nada entre uno y otro”, es decir, sin brechas. Me acuerdo de que un día en clase (y en el espíritu del punto anterior), comentaba que, si nuestra práctica de yoga no había empezado a permear y generar cambios positivos en nuestra vida cotidiana, entonces algo estaba faltando… inmediatamente una alumna un poco incrédula levanta la mano y dice “la verdad es que yo llevo ya muchos meses viniendo y pues en realidad no he notado mucho”. Y entonces le pregunté que cada cuándo venía a clase. “Vengo los martes, y si puedo los sábados”. Pues eso es precisamente a lo que “sin brechas” se refiere. No podemos hacer tres clases el sábado porque no vinimos el resto de la semana, ni tampoco quiere decir que tenemos necesariamente que hacer tres horas de contorsiones intensas diariamente. En el contexto de la práctica física, es muy evidente como el dejar de practicar unos días tiene un efecto muy tangible en el cuerpo físico, notamos inmediatamente la diferencia: flexibilidad, fuerza, aguante, etc. El punto es que la continuidad nos genera una inercia que nos deja “conectados” siempre con la esencia de la práctica -la conexión con uno mismo. Y así generamos un hábito que podemos fomentar, y que nos va envolviendo en una espiral ascendente de beneficios. Y como una forma de interpretar yoga es la unión de métodos externos (ejemplo: ásanas) y métodos internos (meditación) deberíamos de estar haciendo algo por entrenar la mente también, ya que de ahí se derivan nuestras palabras y acciones.
  3. Sat kara. En sánscrito, quiere decir “bien hecha”. Se refiere a varias cosas. Primeramente, entender bien claramente cuál es el objetivo de la práctica del yoga: DEJAR DE SUFRIR. Si no tenemos una meta clara, entonces nos quedamos perdidos en el camino. Después, y para seguir en el contexto de la práctica física, poder estudiar las posturas, su correcta alineación y variaciones, para poder así aplicarlas y empezar a conectar y sentir nuestro cuerpo. Valen más unos minutos con un(a) buen(a) maestro(a) que nos haga una corrección o comentario, que leer varios libros o ver varios videos de clases de yoga. A final de cuentas, el refrán “árbol que crece torcido, jamás su tronco endereza” deja muy claro este punto. Si ponemos cimientos sólidos a nuestra práctica, muy probablemente veremos resultados más rápido. En tercer lugar, hemos de asegurarnos que nuestra motivación por practicar sea adecuada: no es para tener cuadritos en el estómago, para subir fotos y recibir “likes” en posturas raras y con cara de santidad, o para alcanzar fama, reconocimiento o ganancias materiales. Es una práctica para poder conectar con nuestra esencia, y poder identificar patrones inconscientes de conducta y pensamiento que no son beneficiosos, y empezar a reemplazarlos por otros que nos conduzcan a la iluminación o estado de comunión (yoga) con la divinidad. Y que más virtuoso también que dedicarla al bienestar de todos los seres.

Intenta este mes entonces de tener presente estos elementos en tu práctica, ya sea de yoga o de cualquier otra cosa. Si ya practicas toda la semana, pero no has empezado a meditar, intenta con cinco minutos diarios. O súmale otros cinco minutos si ya meditas. Si practicas 2-3 veces a la semana, intenta probar qué pasa con un día más. Pon atención a las instrucciones de tus maestros; entra a una clase de alineación o de fundamentos (mucha gente piensa que es cero “cool” ir a esas clases), asegúrate de estar consciente de tu respiración, y de poner una intención a tu práctica y dedicar la energía y el esfuerzo de tu práctica. Y siéntate y observa….

Rafael Cervantes, noviembre 2018

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